El caballo se mantiene de perfil entre flores altas que le llegan a las rodillas, con dos nubes suaves detrás y matas de hierba a los cascos. Las flores son el trabajo, y son del buen tipo de trabajo: una docena, cada una lo bastante grande para un lápiz gordo, y ninguna necesita parecerse a su vecina. Coloréalas antes que al caballo y lo que se salga desaparece bajo la capa. A los cuatro años se resuelve en quince minutos, y queda lo bastante vivo para acabar en la nevera. Con más velocidad: el caballo al galope.
Ideas de colores para este dibujo
- Capa blanca o gris rodada, para dejar que griten las flores.
- Flores rosas, amarillas y violetas, mezcladas al azar.
Una idea para inspirarte
¿A qué huele este prado? Añade tres flores inventadas por ti.

Un caballo de pie entre flores altas, con nubes pasando por detrás.







